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LA CASA KAUFMANN

Una década después de que Edgar Kaufmann senior contratara a Frank Lloyd Wright para diseñar la famosa Falling Water en Bear Run, el mismo Kaufmann quiso construirse una casa en la Costa Oeste.
Como Taliesin West -el estudio veraniego de Wright situado en plena Arizona- no le impresionó especialmente, se dirigió a Richard Neutra, de quien esperaba un proyecto igualmente brillante pero más «ligero», pues Palm Springs era más conocida por su frivolidad que por su moralidad (no resulta sorprendente que Wright se enfadara, pues ya antes había definido la obra de Neutra como «de poca monta y poco convincente»).
Desde la década de 1920, la ciudad, situada al pie del monte San Jacinto, ofrecía refugio a las estrellas de Hollywood. Albert Frey, protegido de Le Corbusier, había construido su casa aquí en 1940 y en 1937 se terminó la minúscula Casa Miller de Neutra.

Sin embargo, este «paisaje lunar», como Neutra lo llamaba, está dominado por la «Casa Kaufmann del Desierto», un gran logro de la arquitectura moderna, con el aspecto de un avión de plata que acabara de aterrizar sobre una alfombra verde sujetada por unos pocos bloques de piedra, meticulosamente colocados.
El desierto o, mejor dicho, esta superficie salvaje y primigenia que se extiende alrededor de Palm Springs, fascinaba a Neutra.

Su libro de 1927 «Wie baut Amerika» terminaba con imágenes de casas de los indios pueblo de Nuevo México y Arizona, que elogiaba por tener sus habitaciones superpuestas, con terrazas en el tejado, y por la capacidad del ladrillo de barro de resistir las inclemencias del clima.

A pesar de la pulcra precisión de la Casa del Desierto, esta evoca el espíritu de las casas de esas tribus indias, que él tanto admiraba.
Aunque tanto Falling Water como Casa Kaufmann comparten un uso de la mampostería de piedra y de una ingravidez flotante, Neutra resaltó su distancia arquitectónica frente a Wright, diciendo que sus edificios «se hacían, en lugar de crecer»; él «insertaba» la casa ante este áspero telón de fondo.

Descansaba sobre «cimientos» que, unidos a la obra de arte y al clima artificial, subrayaban «el tiempo, la luz blanca de la luna y el cielo estrellado».
Como en otros de sus proyectos pioneros de la década de 1940, aquí los volúmenes se disuelven de una manera relajada en el lugar, sin renunciar a la tensión de sus obras anteriores.

En cambio, Casa Kaufmann destila espacio en los planos horizontales plateados que se deslizan por encima del vidrio transparente. La única verticalidad pronunciada es la chimenea situada aliado de la «glorieta», como Neutra la llamaba.
Al igual que en su propia casa, Neutra esquivó hábilmente la prohibición de edificar una segunda altura, eliminando las paredes de la glorieta, excepto para la chimenea y para las láminas verticales de aluminio.

Desde un punto de vista estético, estas definen un plano diáfano; desde uno puramente funcional, actúan de escudo contra el viento. Neutra también hizo excavar los cimientos y consiguió los permisos justo antes de que se ordenara detener la construcción como consecuencia de la escasez de materiales durante la posguerra.
El croquis de la planta de cuatro alas, realizado por Neutra, revela más contrastes: el jardín penetra casi inadvertidamente, con suaves oscilaciones, en toda la casa dispuesta en ángulo recto, mientras que los frecuentes vientos y tormentas del norte de Palm Springs se representan con el sombreado de líneas diagonales. Esto anima el plano, pero también refleja la realidad: los vientos del noreste son implacables, yaun hoy, a pesar de las mejoras, de las persianas y de las paredes sólidas, arrastran hasta el interior de la casa todo lo que encuentran. Aunque tener tanto vidrio des protegido en la parte sur de una vivienda ubicada en medio del desierto pueda parecer una locura, esto se debe a que la casa solo iba a utilizarse un mes al año, en enero.
Ciertamente, el plan de Neutra, una extroversión en el paisaje, debe mucho a Wright. Con el espacio destinado a vivienda en el centro, la planta de cruz garantiza que las cuatro alas reciban tanto luz diurna como una buena ventilación. Con todo, al terminar los dormitorios y patios en espiral, revelan un orden social específico. Se garantiza una intimidad «extrema» tanto a los anfitriones, como a los niños, al servicio y a los invitados. La única convivencia entre ellos se da en los sombreados pasillos, en las terrazas y patios exteriores. Las persianas que flanquean el largo estanque oscuro conectan el ala de invitados con el resto de la casa.
Para dar un mayor realce a la famosa cualidad «flotante» del diseño, el sistema estructural combina la madera y el acero de forma que la cantidad de soportes verticales necesarios (exiguos, en cualquier caso) se reduce. Esto se pone especial¬mente de manifiesto en el salón, cuyas paredes de acero y vidrio se deslizan hacia fuera, hacia el sureste, mientras que la construcción de cubierta y soportes de la que cuelgan las paredes corredizas se desplazan hacia la piscina y enlazan espacial mente la casa con esta. Este «brazo radial» se convirtió en el sello característico de Neutra: es la «pata de araña», el cordón umbilical que fusiona el espacio y el edificio.
Otro contraste se manifiesta en los materiales: la piedra natural de Utah, que Neutra utilizó en los exteriores y en los interiores crea un vivo efecto de claroscuro que se diferencia de la lisura en los demás acabados.

La Casa Kaufmann fue vendida recientemente por 16 millones de dólares.




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